Por. David Díaz
Ese día me emborraché de coca cola, porque tenía 11 años y a penas me embriagaba con bebidas azucaradas, bueno, también me embriagaba de triunfalismo y de soberbia, un veneno dulce que bien sabemos consumir los colombianos cuando hacemos alguna hazaña.
Después de aquel día de humillación para los del sur, ellos han jugado dos finales de mundiales, ganaron una, perdieron otra y ojo que por ahí ganan su cuarta copa del mundo el próximo domingo, pero no vayamos tan lejos en logros deportivos... Llegaron a cuatro finales de Copa América, perdieron dos y ganaron dos, incluso una a Colombia, los mismos que 33 años después seguimos contando con orgullo esa histórica victoria del 93 en el monumental.
La facilidad con la que los deportistas argentinos se reponen a las adversidades es de admirar, se caen y se levantan como si nada, o más bien, se levantan sabiendo que para tumbarlos nuevamente tendrás que dejarlos muertos, sin embargo, tendrás que verificar si de verdad es así; eso nadie lo podrá negar y así te moleste su arrogancia, esa es su esencia, justo lo que los hace de ese material místico que los lleva a ganar.
A Argentina los árbitros le han dado la mano y la han ido llevando poco a poco en este mundial, de eso no me voy a retractar, pero sus jugadores son unas verdaderas fieras, una muestra clara de la palabra resiliencia y eso hace que toda teoría conspirativa se deconstruya.
¿Qué tenemos que aprender de los argentinos aquí?, ¿Qué hace que ese pundonor salga a flor de piel de manera tan intensa?, ¿Qué tienen allá que aquí no? La verdad es que si lo hablamos desde las condiciones sociales, casi que son las mismas: educación, salud, bienestar, es casi lo mismo, también son un país endeudado, ¡Es más! Ellos tienen la deuda más grande con el FMI a comparación de nosotros (de hecho ya no tenemos deuda) ¿Entonces?
Pa' mí que es la mentalidad desde niños, la exigencia que reciben para superar las dificultades, la consciencia de su realidad, la inteligencia emocional para afrontar todos los retos y eso se trabaja desde la infancia. Mientras aquí ignoramos desde pequeños el problema, allá lo hacen evidente, lo cuestionan, lo exponen sin miedo a nada. Yo me la llevo muy bien con los argentinos, he tenido a lo largo de mi vida muchos y muy buenos amigos; no tengo duda de que mi buena relación con ellos, es por la franqueza y la manera directa de tratarnos, de ser honestos con nuestros sentimientos y pensamientos mutuos; yo sé que también tengo un poquito de arrogante.
Ojalá algún día nos parezcamos más a ellos en la capacidad de afrontar los retos de la vida y no solo nos parezcamos en la pésima manera de elegir presidentes.
