En un año agitado políticamente y con constantes cambios sociales en Colombia, aquella idea de comprar por necesidad o lógica parece quedar en el olvido.
La economía emocional revela que cada vez calculamos menos nuestros gastos; de hecho, estudios indican que solo el 20% de nuestras compras son racionales. El 80% restante depende de si tenemos miedo, esperanza o simplemente un buen día, convirtiendo nuestros sentimientos en el motor real que mueve los mercados en toda Latinoamérica.
Pese a la incertidumbre, el optimismo parece ganar terreno en la región. Datos de 2025 muestran que la confianza del consumidor subió significativamente en Argentina (+6.5 puntos) y Colombia (+3.4 puntos). Según el reciente informe de LatAm Intersect, aunque la fatiga social persiste, los ciudadanos ven el 2026 con una actitud positiva que impacta directamente en cuánto estamos dispuestos a gastar o ahorrar.
Para los expertos, este fenómeno es la brújula del futuro. "Las emociones no son colaterales; son centrales", afirma Livia Gammardella, experta de LatAm Intersect. Desde la psicología, se explica que cuando el ánimo colectivo es positivo, el consumidor es más arriesgado e invierte más; por el contrario, ante el miedo, el consumo se frena en seco. Incluso las grandes empresas vigilan el "sentimiento" en redes sociales para predecir si sus acciones subirán o bajarán.
Comprender el "corazón económico" es vital para que gobiernos y marcas dejen de ver cifras y empiecen a entender a las personas. En un entorno tan volátil como el actual, la clave de la resiliencia no está en los modelos matemáticos tradicionales, sino en saber responder a las aspiraciones y temores de la gente. Al final del día, la economía más fuerte es aquella que logra generar confianza en medio de la incertidumbre.
Con información suministrada por Latam Intersect
