Mayerly Reyes inicia su jornada a las cuatro de la mañana en Soacha, ordeñando vacas y transformando leche en yogur antes de labrar la tierra. Como ella, miles de mujeres sostienen el sistema alimentario de la región Bogotá-Cundinamarca, aunque su esfuerzo no siempre se refleje en sus ingresos.
"Me levanto temprano... preparo el almuerzo y después salgo al cultivo a trabajar la tierra", relata Mayerly, resumiendo una rutina donde la producción agrícola y el cuidado del hogar compiten por el mismo cronómetro en una lucha diaria por la subsistencia.
La economía rural enfrenta un freno invisible: la brecha de tiempo. Según el DANE, mientras un hombre en el campo dedica apenas 3 horas al trabajo doméstico no remunerado, las mujeres invierten casi 9 horas diarias. Esta desigualdad les resta margen para tecnificar sus cultivos, participar en mercados o liderar asociaciones. Al dedicar tanto tiempo a tareas del hogar, el potencial productivo de la región se ve limitado por una carga de cuidado que, aunque esencial, no entra en las cuentas formales de la productividad ni recibe remuneración alguna.
El acceso al capital es otro obstáculo crítico para el crecimiento regional. En Cundinamarca, la disparidad financiera es alarmante: por cada millón de pesos en crédito que recibe un hombre, una mujer accede en promedio a solo 531.000 pesos. A esto se suma que apenas el 30% de las unidades productivas son lideradas realmente por mujeres. Sin autonomía financiera ni poder de decisión sobre sus parcelas, la llamada "feminización de la pobreza" se convierte en un riesgo directo para la estabilidad económica y la seguridad alimentaria de toda la zona metropolitana.
Para revertir esta tendencia, la alianza entre la Región Metropolitana, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura -FAO- y la Secretaría de Desarrollo Económico impulsa el proyecto "Aliméntate de Región". Esta iniciativa busca integrar a las productoras en circuitos comerciales más justos y cerrar las brechas de financiamiento y propiedad. Fortalecer la autonomía económica de mujeres como Mayerly no es solo un acto de justicia; es una estrategia financiera clave para asegurar que el sistema de abastecimiento sea sostenible y que el campo siga siendo el motor que alimenta a millones de ciudadanos.
Información y fotografía suministrada por OP de la FAO
